Los errores
no se niegan,
se asumen;
La tristeza no se llora,se supera
Y el amor no se grita,se demuestra.
Sé fuerte para que nadie,te derrote,
Sé noble para que nadie te humille,
Sé humilde para que nadie te ofenda
Y sigue siendo tú Para que nadie te olvide

jueves, 8 de marzo de 2012

Pienso, Luego Existo - Amelia Valcárcel


Publicado
http://www.elpais.com/articulo/portada/filosofa/combate/elpepusoceps/20061126elpepspor_1/Tes

Catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED y, desde agosto, segunda mujer miembro del Consejo de Estado -tras Josefina Gómez Mendoza-, patrona del Museo del Prado y Biblioteca Nacional, y jurado de los Premios Príncipe de Asturias, Valcárcel es autora de diversos libros relacionados con filosofía y ética (Hegel y la ética, Sexo y filosofía, Del miedo a la igualdad; el último, Ética para un mundo global), además de una conocida conferenciante y articulista. Actividades tan múltiples y variadas que llevan a pensar si Valcárcel gozará del don de la ubicuidad para poder llegar a tantas cosas, o, a sus 56 años, esta filósofa, casada con filósofo y madre de otra filósofa, es lo que los estadounidenses llaman una workaholic (una adicta al trabajo).

·        ¿Qué le fascinó tanto?
Debía de tener 12 años cuando abrí el libro Ideas y creencias, de Ortega y Gasset, y cuando leí que tenemos creencias, es decir, que calculamos que hay cosas que no son mutables, que cuando salga a la calle la calle va a estar ahí y no está fundamentado pero es una creencia exacta, ¡esas cosas no las había oído o leído jamás! Así que, por encima de todo, tuve claras dos cosas: que quería ir a la universidad y hacer  filosofía
 Entonces se decía que Filosofía era la carrera donde las chicas iban a pescar novio.
El tópico misógino se refería a la carrera entera de Filosofía y Letras, pero no a la filosofía pura. Era un tópico un poco maligno, como si los estudios de letras y humanidades fueran una especie de adorno para la cultura general de las señoras; incluso, lo que era más extravagante, algunos profesores compartían esa malevolencia. Pero la filosofía pura era totalmente excluyente, yo era la única mujer de mi clase en 1970, y eso acarreaba que no podía faltar porque se notaba muchísimo... Y al principio me decepcionó porque esperaba grandísimas cosas y la filosofía es un pensamiento trabajoso que exige estudiar materias muy diferentes, pero no volvería a hacer otra cosa por nada. Únicamente tengo una vocación frustrada, me hubiera gustado también ser ingeniera de caminos. De todas formas, me sigo parando debajo de los puentes y mirándolos cuando son buenos, ¡es que hay puentes...! Pero en el fondo la filosofía también construye, las ideas son peldaños en donde nos vamos afianzando: ideas, modos de vida, valores, creencias, todo eso son enormes edificios conceptuales a veces tan ágiles como los puentes y otras tan pesados como mastabas egipcias.

·        ¿La universidad, el conocimiento, era su ventana a la libertad?
A mí me tocó vivir una vida que estaba presidida por valores que las mujeres debíamos respetar y encarnar, abusivos hasta la vergüenza con nuestras libertades y autorrespeto. Entonces todas las familias eran conservadoras con las mujeres, incluso las de izquierda. Yo quería ir a la universidad, por encima de cualquier cosa, porque no me lo iban a poner fácil. En mis primeros años escolares yo no casaba bien con el ambiente, no conseguía caerle bien a las monjas que me endilgaban, no sé si eran ellas o yo, pero no encajaba.
¿Es una mujer incómoda en el panorama intelectual español?
Yo creo que no soy cómoda, pero no es mi intención ser incómoda. Pero es que hay que ser muy amiga de la verdad y no es muy fácil acomodarse. A veces las situaciones exigen demasiado, y no hay que ceder porque sólo vivimos una vez.
Cuando no se cede, sobre todo si se es mujer, rápidamente se le coloca la etiqueta de rebelde. ¿Se ha sentido etiquetada?
Sí, pero no me importa. Yo empecé en filosofía con Hegel, ¡qué cabeza!, y después de eso es difícil que te asuste nada... Las mujeres de este país nos hemos rebelado contra muchas cosas, y hemos hecho muy bien. Algunas en primera línea, pero, al final, todas hemos ganado en libertad.

·        ¿Su rebeldía se inició por la vía de la filosofía o por la del feminismo?
Todo junto, la filosofía te ayuda incluso cuando te ataca. Las leyes de Platón dicen cosas durísimas de la misoginia de la sociedad griega, pero en el fondo tú eliges con cuales te quedas, y te quedas con las que te permiten vivir y crecer. Las otras las archivas como bofetones que te va dando ese texto, y vas haciendo camino. Para ver un cuadro hay que salirse del marco, ningún personaje de Las Meninas puede ver el cuadro, sólo lo harían si pudieran dar un paso fuera y volverse.

·        Usted afirma que hay que atreverse a ser decente aunque se rían de ti, pero estamos inmersos en la mentira como arma política y parece que muchos políticos prefieren ser indecentes a que se rían de ellos... ¿Qué está pasando?
Yo mantengo que la mayor parte de la gente es bastante decente, por lo común procura no fastidiar a los demás, y menos sabiéndolo; paga sus deudas; cuida sus cosas; es limpia... Posee muchas de las virtudes corrientes que hacen la vida agradable. El problema es que a veces en democracia -que es lo mejor que hemos encontrado- puede haber gente que tenga la intención de aplebeyarla, volvernos a todos plebe, y eso es muy fácil. Y algunos medios de comunicación se están especializando en volvernos plebe. Eso es muy malvado porque no nos lo merecemos. Nos estamos gastando enormes sumas en educación para que todos puedan tener un aquel en el que estar en el mundo, para que alguien reduzca eso a nada volviéndonos plebe manejable, plebe romana, pan y circo, aunque ni siquiera ponen el pan... Lo hemos visto especialmente en la política italiana última, que era un espectáculo degradante. Pero creo que lo que pasa en nuestro país es otra cosa; que una parte, y digo sólo una parte, del partido que está en la oposición cree que va a ganar por el mismo método de la vez anterior. Está muy estudiado: volver a hacer lo que nos dio éxito una vez. Esa intoxicación enorme, terrible, en que terminó el último Gobierno socialista, ¿por qué no volver a repetirla?

·        ¿La responsabilidad es la base de esa ética?
Los ciudadanos han de ser responsables, pero como yo amo tanto el Presupuesto, echo de menos que las decisiones de algunos responsables públicos, sobre todo si son sumamente equivocadas, no estén respaldadas con su propio patrimonio. A lo mejor entonces no las tomaban tan alegremente.

·        Usted afirma que hay que atreverse a ser decente aunque se rían de ti, pero estamos inmersos en la mentira como arma política y parece que muchos políticos prefieren ser indecentes a que se rían de ellos... ¿Qué está pasando?
Yo mantengo que la mayor parte de la gente es bastante decente, por lo común procura no fastidiar a los demás, y menos sabiéndolo; paga sus deudas; cuida sus cosas; es limpia... Posee muchas de las virtudes corrientes que hacen la vida agradable. El problema es que a veces en democracia -que es lo mejor que hemos encontrado- puede haber gente que tenga la intención de aplebeyarla, volvernos a todos plebe, y eso es muy fácil. Y algunos medios de comunicación se están especializando en volvernos plebe. Eso es muy malvado porque no nos lo merecemos. Nos estamos gastando enormes sumas en educación para que todos puedan tener un aquel en el que estar en el mundo, para que alguien reduzca eso a nada volviéndonos plebe manejable, plebe romana, pan y circo, aunque ni siquiera ponen el pan... Lo hemos visto especialmente en la política italiana última, que era un espectáculo degradante. Pero creo que lo que pasa en nuestro país es otra cosa; que una parte, y digo sólo una parte, del partido que está en la oposición cree que va a ganar por el mismo método de la vez anterior. Está muy estudiado: volver a hacer lo que nos dio éxito una vez. Esa intoxicación enorme, terrible, en que terminó el último Gobierno socialista, ¿por qué no volver a repetirla?

·        Usted mantiene que la solución no pasa por limar asperezas entre credos, sino por apostar por la ética del laicismo, los derechos y las garantías.
Victoria Camps y yo tenemos recién escrito un libro al alimón, una serie de cartas contando cómo dos mujeres de nuestro siglo piensan sobre la religión, el fundamentalismo, el laicismo... Y voy a ponerme chula, sólo Hume y algunos así han hecho una cosa parecida. Yo creo que las religiones no van a desaparecer porque los seres humanos somos razón pero también somos temor, y nos hemos constituido a través de las religiones, que han sido los grandes almacenes del saber, que se volvieron ritos. Las normas nos han venido por el vehículo religioso y no van a desaparecer, pero no pueden decir que ellas son el metro de medir lo que es bueno o malo. No son el metro de nada, son sólo creencias privadas, lo que no quiere decir que los cultos deben ser clandestinos, siempre que no pongan en peligro la paz civil. Lo que quiero es que la gente conozca los contenidos de las religiones y de qué estrato profundísimo de la humanidad vienen, que entiendan que hay que conocer sus enormes vehículos normativos, y sólo la filosofía ha reflexionado sobre ello; no lo ha hecho la arquitectura, la lingüística o la ingeniería.

·        ¿Cómo lleva lo de ser un referente del feminismo español?
Si la gente lo dice, tienes que acabar creyendo que lo eres, será así puesto que lo dicen. Para mí sería un orgullo impagable porque no creo haber hecho nada. Bueno, lleva años dando teoría, mucha teoría... No en vano es, junto con la reciente premio Nacional de Ensayo, Celia Amorós, la mayor exponente teórica del feminismo de la igualdad en España.

·        Mantiene que no quiere ser especial y reivindica su derecho a no ser excelente, a ser mala... ¿A ser tan mala como cualquier varón?, ¿a ser del montón?
No se nos puede exigir a las mujeres que aportemos algo especial para justificar el derecho a existir bajo los rayos del sol. Las cosas, o se hacen juntos o no se hacen. La reivindicación del mal significa que yo no tengo obligación de cumplir estándares más altos que otros; tengo derecho al estándar que el otro se pone, y si éste es de mediocridad, no me importará ser mediocre. Opino que para que la humanidad vaya bien, el estándar de excelencia debe de estar en ambos, pero me niego a entrar en el estúpido juego de tener que demostrar el doble para obtener la mitad. No juego, pura y simplemente no juego, no me parece serio ni honesto, me parece una trampa intelectual. Y sobre todo me niego a cualquier moral que esté sexualmente dividida, que juzgue según quién hace las mismas cosas, que diga que una misma conducta es loable en un varón y vituperable en una mujer. Si lo que hace uno está bien, la otra también. 
Y si lo que yo hago está mal, entonces mi derecho al mal existe.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada